Juego o Estudios

Si un niño pasa muchas horas al día jugando sólo o con sus hermanos, ¿está perdiendo el tiempo? En los colegios cuando era maestra siempre nos instaban a que preparáramos lecciones divertidas, que utilizáramos el juego disfrazado de lecciones, o las lecciones camufladas en juego. Se urgía a los maestros a que captaran la atención del niño y para ello se echaba mano de mil y una estrategias, materiales coloridos, presentación de la lección con algo llamativo, una charla que cautivara a la audiencia, canciones, movimiento, etc. Pero pienso que tanto en las escuelas como en algunos de nosotros existe la dicotomía juego y trabajo. Existe un poco esa hipocresía de que cuando se entra en un aula si no se ve a los niños sentados y con papel y lápiz es un tanto sospechoso lo que hacen. La idea de que cuando vemos que los niños en los blogs están haciendo algo que parece divertido y sencillo es como si pensáramos, uy, qué coqueto, qué bonito, y dijéramos, sí, pero enséñame en qué trabajan porque no me vas a decir que se pasan el día con esos bloquecitos, o esas marionetitas. ¿Dónde están las notas?
Conocemos múltiples estudios, libros, investigaciones, que nos cuentan las ventajas observadas en niños a los que se les permite jugar, que jugar, dicen, es el trabajo del niño. Sabemos por carne propia que cuando los niños están motivados por aprender algo lo hacen, que cuando odian o detestan las tareas nos vemos arrinconados y forzados a comenzar con los premios o castigos para tratar de sacar del niño lo que nos parece debería estar haciendo en lugar de lo que le surge desde el interior porque eso no es de provecho, y las lecciones que le damos eso sí son estudios como deben ser. Nos decimos que nos lo agradecerán el día de mañana. Y pregunto cándidamente, ¿es cierto? Y lo pregunto con honestidad, decidme, ¿estoy echando a mis hijas a perder por no exigir más de ellas?


A mi me parece que los niños aprenden mucho y muy bien si los observamos, nutrimos, proponemos y respetamos sus ritmos y sus capacidades. ¿Es eso ser permisivo y dejar que haga lo que le dé la gana y se eche a perder de adulto? A mí no me lo parece, pero ¿cuál es vuestra opinión?. En mi casa como me habréis escuchado, sin lograrlo siempre (no soy la mujer maravillas ni estoy casada con superman tampoco), por lo general hay un ambiente con cierta estructura (es decir, nos levantamos, que ya es un logro, ja ja ja, hacemos las camas, desayunamos, recogemos, leemos las escrituras, les leo quizá unos poemas, limpio la cocina mientras se visten, (o como dice Sylvia quizá no), se lava ropa (bueno, la lavadora), nos ponemos en la mesa de la cocina a trabajar en algo. Sugiero varias cosas y ellas sugieren otras tantas, leo en voz alta libros vivos que ellas me cuentan con sus palabras, ayudan con la comida, doblan ropa, tienen que comer lo que hay, o si no va para la siguiente comida, la mayor hace sóla o con un poco de ayuda alguna hoja de un libro regalado de lenguaje y del de matemáticas (especialmente lo hace por la sanidad mental de la madre), juegan más, y durante el transcurso de la semana se visita la biblioteca al menos un día, hacemos paseos por la naturaleza solas o con el grupo, alguna que otra actividad, todos los martes hacemos "escuela" con Heather y sus hijos, pintan, crean, cortan, dibujan, escriben, leemos y hablamos sobre muchos temas, ven algún episodio de Scooby Doo, juegan algunos ratos a Dora, vamos a la iglesia, cocinamos juntas, y así vamos pasando los días, aprendiendo y viviendo en familia.


Y a veces me pregunto si debería obligar a mi hija que recién cumple seis años a escribir por fuerza todos los días, a completar unas hojas de texto de matemáticas todos los días, a leer siguiendo un programa, a hacer determinadas cosas de ciencias todos los días...no sé, si debiera como decimos apretarle las tuercas más. Y todos los días me digo que no va a ser una inútil ni una vaga porque no le aprete las tuercas en los estudios (ya que me deja totalmente asombrada cuando me enseña lo que ha aprendido sin que YO, oh, importante de las importantes que cretinamente me siento, se lo haya enseñado). La ética de trabajo la practicamos en nuestras obligaciones diarias, en respetar el hecho de que antes del ocio están las obligaciones. Tratamos de enseñarles con el ejemplo a vivir coherentes con nuestra creencia en Dios, y con nuestros valores. Y es nuestra vida en su mayor parte tranquila, agradable, cómoda, pero diría yo no exempta de luchas, sacrificios, conflictos, renuncias. Todo eso es lo que intentamos que aprendan. Referente a los estudios, la mamá, es decir, la que os habla, como tiene esa espinita y preocupación que no se le va, anda como gato detrás de los ratones ofreciendo y proponiendo "lecciones" a cada rato, y es que no me acostumbro al vértigo de ver cómo aprenden y a no perder la fé de que esto va bien. Para que no me vayan a tachar de irresponsable, sigo con las lecciones y los apretones de tuerca que intento sean lo menos dolorosos posibles. Y va habiendo entendimiento, compromiso por mi parte y la de ellas.

Voy aún más lejos. No creo que vaya a haber una diferencia considerable en la preparación académica o rendimiento laboral entre los que pasan más tiempo administrando lecciones a sus hijos y los que dejan al niño que vaya guiando por dónde ir. Lo que pienso será más decisivo es cómo vivimos con los hijos y frente a los hijos. Hasta cierto punto hay días que me digo que no sé si habrá tanta diferencia entre nuestros hijos y los que van al uuuhhhh colegio. A fin de cuentas cada uno debe seguir con lo que piensa en su conciencia que debe seguir, bien sea con su plan de estudios para los hijos, o con su plan de juegos, o con su mezcla única de ambas cosas. Quizá haya para quien el tener un programa ambicioso de estudios sea un camino para aprender esa ética de trabajo y de dedicarse primero a lo primero. Quizá los que optan por dejar las asignaturas estacionadas y proponen a sus hijos que sigan con sus juegos, deportes, desarrollo físico y emocional, vayan por el mejor camino posible porque sea lo que necesitan para reconectar, descubrir sus talentos y perseguir nuevas destrezas con el tiempo. Quizá los que buscan el equilibrio con algunas cosas obligatorias en el día y el resto explorar vayan por buena senda. Este equilibrio es muy delicado y a la vez no debe quitarnos mucho el sueño, hay que guiarnos por lo que nuestro instinto nos dice, todos sabemos si los chiquillos están demasiado ociosos hasta el punto de que les pides que quiten los zapatos del medio y te lanzan un improperio, o se bajan el bote de las galletas y se sientan con la colección completa de DVDs de la primera entrega de La casa de la pradera o de Star Treck, lo cual es distinto a estar jugando. Puede que los unschoolers suelten el trapo de la cocina y se les unan, YO NO, será por el "mea culpa" o por respeto a mi marido que se deja la vida en el trabajo y al que no deseo que venga a una casa con drogadictos televisivos, a no ser que tenga vacaciones y nos demos una sobredosis todos juntitos. Claro que habrá diferencias en nuestros hijos cuando sean adultos, igual que las hay entre nosotros y la mayoría fuimos al colegio. Las diferencias son porque vivimos en familias con diferentes valores, conductas, costumbres, creencias sin olvidar lo que como adultos buscamos y decidimos por nosotros mismos. Mi marido, un vago redomado cuando adolescente que en los días de vacaciones (y faltando al cole con escusas) un día se quedó dormido sobre la consola Atari que estaba en coma después de 48 horas de estar encendida sin saberlo mi suegra, es una de las personas más trabajadoras y dedicadas a su familia que conozco. Si hasta es él quien limpia el inodoro y los baños, saca la basura, cocina los domingos, arregla los cajones, es una joya y no exagero. Y diario se levanta a las 6:15 am sin oirle rechistar ni ver que se le peguen las sábanas. Y yo, que nunca supe lo que era poner una lavadora ni cocinar un huevo frito, hasta me he puesto a hacer mi propio pan y me he cosido a mano los cogines de mi sofá. Todos los problemas de matemáticas que tuve que practicar a fuerzas y las redacciones que me obligaron escribir no me ayudaron porque de las primeras me deshice en cuanto pude, y de las segundas me quedó un tiempo de odio y rechazo a la escritura que me duró por muchos años y que he conseguido superar pero no olvidar.

No, no me gusta la palabra unschooling (a pesar de tener amigas divinas que así se consideran), pero se me queda un poco colgando la idea de reproducir la escuela en la casa. Y sigo pensando, ¿juego o estudios? y me quedo aquí en mi rincón un poco enfadada y triste porque hayamos caído en la trampa de haber cortado de tajo el aprendizaje en dos mitades diferentes.


 

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