Menos es más

Hace poco he leído esto de menos es más en el blog de Sylvia, y en un blog en inglés que hablaba de cómo esta idea es la pieza clave en la forma de entender la educación que Charlotte Mason nos dejó de legado. Su forma de entender las lecturas, por ejemplo (lo cual está en el corazón de su filosofía pero no la agota), es de forma pausada. Menos es más con los libros. Como los libros son los que contienen las IDEAS, y estas IDEAS son de lo que nos nutrimos y de lo que se alimenta el intelecto de niños y adultos, hay que leer de a poco, saboreando cada página. Quedándonos con el libro por tiempo, pensando así en lo escuchado durante el día en los juegos y cabilaciones, meditando sobre por qué tal personaje hizo esto o aquello, o qué hará tal o cual otro.


 Esto es tan diferente del CONSUMISMO con el que muchos leen, el sentido de la prisa y del hacer por hacer que a veces nos ataca al mas pintado. Al niño no hay que darle todo, principio, medio y final. Él debe investigar, hacerse sus propias preguntas, contrastarlas con lo que le vamos desvelando, hacer sus conexiones con otras lecturas paralelas.Pero no os quedéis con la idea de que una educación al estilo CM consiste en leer un puñado de libros antigüos de esos que no entendemos ni disfrutamos. Es mucho más (en cuanto a la riqueza de los principios) siendo mucho MENOS (en cuanto a la simpleza de cómo se manejan). Y esto lo tengo comprobado y lo veo en otros blogs. Cuando ponemos las fotos y escribimos, muestra una realidad rica en matices, pudiera engañar y parecer muy ajetreada, pero en mi caso no es acelerada (aunque tiene momentos de velocidad rápida, claro), sino que son rutinas que van fluyendo cuando se asientan en estos principios educativos que me atrevo a decir siempre han existido y existirán por mucho que el mundo cambie.
 CM no era defensora de los llamados "unit studies" (pero no me vayáis ahora a pensar que si hacéis estudios temáticos, o lapbooks, o si estudiáis por tópicos estáis haciéndolo todo mal, sabéis perfectamente que no estáis yendo por mal camino). No es así. A lo que se refiere CM es a que no es necesario que si estudiamos por ejemplo sobre los dinosaurios saquemos veitiunmil libros de dinosaurios, hagamos matemáticas con pequeños dinosaurios de plástico, horneemos galletitas de dinosaurio, veamos documentales y películas de estos animalitos, y hasta decoremos el salón y y cómo no el cuarto de baño con los simpáticos T-Rex. Es más, los temas de estudio los podemos escoger, pero es necesario que el niño los haga suyos de algún modo y no hace falta forzar la tuerca o la sacas de quicio.

CM era de la opinión que el niño es el que, si se le ofrece un banquete de ideas, hará sus propias conexiones. Y para este banquete no tenemos que comprar nada exótico, ni pasar días juntando libros sobre un "tema". Este banquete consiste en horas al aire libre, lecturas y cuentos que se cuentan sin leer en la infancia (incluyendo nuestras historias personales), más adelante en libros "vivos" mediante los que aprendemos geografía, historia, lenguaje, escritura. Como bien sabemos muchos los niños se aburren de un tema en dos días, o en una o dos semanas como mucho, por ello si surge un interés natural por investigar algo, para eso están las tardes o los momentos de libertad en que pueden explorar lo que les inquieta. Su único consejo era para los estudiantes mayores de compaginar un poco las lecturas de literatura con las de historia, biografías del mismo periodo. Y no es tan difícil como puede parecer. Tampoco es extrictamente necesario en tanto el estudiante tenga una línea del tiempo o un libro de los siglos propio donde ubicar sus lecturas y conocimientos por orden.


De hecho me asombro de cómo lo que manejamos en casa se va conectando con otras cosas sin quererlo, por la tendencia que tenemos a unir, comparar y contrastar lo que vamos aprendiendo. A mí me pasa con libros, conversaciones, lecciones. A las niñas también. Por ejemplo aprendimos de Jacob y Esaú, de cómo Jacob engañó a Isaac haciéndose pasar por Esaú, igual que el lobo en el cuento del Lobo y los siete cabritillos de Grim, y cómo Laban, el padre de Raquel, también engañó a Jacob. O leemos un cuento sobre un niño esquimal que quiere un lobezno de mascota, y cómo el lobo le tiene miedo inicialmente del niño, y otro cuento en que el lobo es engañado por un músico. Mi hija mayor fué capaz de identificar un bicho que habíamos visto todos previamente, y mi hija menor comienza a ver animalitos por todos lados, hoy una araña y una lagartija metiéndose por la pared de la casa. Me enseñan en un libro las polillas porque se acuerdan de que vimos una muerta al pie de la puerta de la iglesia hace dos semanas. En fin, que es maravilloso retirarse, parar el tren, y ver el mundo con los ojos de los niños que tienden a ir más lento, al lado de sus madres frenéticas (me estoy describiendo a mí misma) y preocupadas porque aprendan y no dejen huecos. A propósito, un gran artículo sobre los HUECOS EN LA EDUCACIÓN en el blog de Jamie.

Otra de sus máximas era que la madre pasara al menos una hora con ella misma, sóla en sus cabilaciones, sin dar cuenta a nadie. Igual los niños. Necesitamos ese tiempo libre, sin presiones ni horarios, sin deberes ni obligaciones, para digerir y aprender lo visto, oído, olido, tocado, sentido, pensado.

Dicho de otra forma, en una educación al estilo CM, es el niño el que trabaja, no la madre. El niño es el que está ocupado en este proceso de aprendizaje durante el tiempo en que escucha música, observa la naturaleza, dibuja lo observado, escribe un par de líneas con su mejor letra, escucha lo leído, narra lo escuchado, practica y resuelve matemáticas. ¿Y la madre? Nosotras claro que trabajamos, trabajamos preparando este festín, pero no debe ser tan complicado que no nos quede tiempo para el resto de las cosas mundanas. Si pasamos demasiado tiempo preparando lecciones de modo que ya están hasta completas antes de que el niño las reciba, o de forma que nunca terminamos de planear, y nos falta todavía sacar tal libro, comprar, plastificar, fotocopiar, cortar, leer, nos vamos a agotar y nunca nos irá bien...Por supuesto que hay que hacer todo esto, pero despacio, recordad, MENOS ES MÁS. No hay que escribir los planes de aquí hasta el final de la educación primaria, ni siquiera hasta el final del año. Se puede hacer un esbozo del mes, una guía de la semana, claro, pero poco a poco. Cada noche, o un ratito en el fin de semana, o cada dos semanas sentarse y volver a evaluar dónde estamos, hacia dónde vamos.

Planear es muy importante, pero para mí planear es organizar nuestras áreas de estudio y la casa en general cuando necesitemos (por ejemplo ayer no hicimos "lecciones formales" porque mi casa y especialmente el comedor requerían atención. Bajé una estantería porque necesitaba tener un lugar donde poner cosas que usamos todo el tiempo a parte de las dos cajas que estorbaban, y esa estantería estaba de adorno en una habitación).

Planear es también leer sobre la filosofía de aprendizaje que nos convence más, adaptar materiales, pensar en rutinas y cómo encauzar nuestro día a día.

Planear es decir si hoy vamos al parque, a la biblioteca o si nos quedamos en casa.

Planear es tener un tiempo para nosotras, para escribir en el blog y meditar sobre cómo vamos, dónde queremos llegar, qué giro tomar.

Planear es sacar libros y materiales que no hemos usado en un tiempo y ponerlos sobre la mesa o en sus cajas, y empezar a usarlos con ellos, o que ellos nos sorprendan con nuevos usos de cosas viejas.

Planear es irse adaptando a lo que vemos va funcionando, quitar y poner en un día a día que evoluciona y que camina con sus altibajos, pero para adelante, sin olvidarnos de dejar tiempo para el descanso.

Planear es tan simple como a veces comprometernos a estar las siguientes dos horas con los hijos, escuchándolos, sugiriendo algo que hacer, tirando de ese hilito de cosas que tenemos a nuestra mano y que muchas veces no hacemos porque estamos tan ocupados PLANEANDO tal o cual tema o siguiendo tal o cual libro que nunca hay tiempo de hacer lo que pensamos que es importante.

Planear es reconocer que cincuenta cosas a la vez no pueden ser aquello importante o nos quedará una colección de buenos proyectos comenzados y sin terminar lo cual no es la solución tampoco (y no me preguntéis cómo lo sé :-), sino ser humildes para saber cuánto y cómo ir sacando adelante lo que en verdad necesitamos esforzarnos en cumplir.

Planear es hacer de los principios en los que crees tu SEGUNDA PIEL de modo que por poco que hagas cada día, esos granitos de conocimiento que por densos y concentrados caen por su propio peso, vayan reposando y germinen, haciendo crecer la semilla del aprendizaje en nuestros hijos.
Por cierto, esto me ha quedado como esas tarjetitas tan famosas de mi adolescencia y muñecos que decían "El amor es...., El amor es..." Y que creo que hasta salió una canción muy parecida a estos adagios tan populares en su día...


 

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