Roger Schank sobre medir a los maestros

Otro artículo bien interesante de Roger Schank. En el New York Times, que de acuerdo con Roger Schank está en el lado erróneo en cuanto a educación se refiere, aparece un artículo por un profesor emérito en enfermería por una universidad de Maryland en la que el mismo profesor expresa que lo importante es desarrollar un sistema objetivo para medir el rendimiento de los maestros. Después de explicar que muchos maestros y profesores tienen éxito dado que el estudiante entra en el aula motivado a aprender, Roger Schank escribe esto:

But this is not the case for the high school teachers that this Nursing professor wants to measure. (One would assume Nursing students take nursing because they want to be nurses by the way, which would have made his job as a teacher a lot easier to do.)

Pero no es el caso de los maestros de high school que este profesor de Enfermería quiere medir. (Uno asumiría que los estudiantes de enfermería toman clases porque quieren ser enfermeros, vaya, lo que hará el trabajo del maestro mucho más fácil.)
No, he wants to measure:

No, el quiere medir:
the amount of time a teacher spends delivering relevant instruction
la duración del tiempo que un maestro pasa presentando instrucción relevante
Vaya, que quiere medir básicamente el tiempo que los maestros se pasan soltando su rollo delante de alumnos de high school a quienes por lo general no les interesa en lo más mínimo la asignatura presentada. Mr. Schank critica la noción de que el maestro sea un mero presentador de información. De nuevo la opinión del profesor emérito:
the teachers who taught more were also the teachers who produced students who performed well on standardized tests.
los maestros que enseñaron más fueron también los maestros que produjeron estudiantes que salieron mejor en los test estandarizados.
 Y aquí Schank critica que lo único que importa son los EXÁMENES, EXÁMENES, EXÁMENES.
 Y nótese que enseñar ha sido previamente descrito como "delivering information", lo cual es conocido en mi tierra como "soltar el rollo". En ningún momento se habla de la motivación, el aprendizaje, el crecimiento del alumno. Este ambiente de falta de confianza y sospecha del maestro que viví por experiencia propia en los colegios me parece grandemente insultante. No estoy hablando de que no se evalúe nuestro rendimiento como maestro, estoy hablando de un sistema vergonzoso de enculpamiento y de controles que abiertamente presentan una falta de respeto del maestro como profesional y como persona, que le sitúan no sólo bajo la directiva de la escuela (lo cual se comprende), sino bajo los padres y los propios alumnos. El maestro es poco más o menos un felpudo estos días, al menos hasta que llegamos a las universidades.
Igual se puede ver este ambiente de sospecha y desconfianza absoluta en los padres en general, y de los que desean hacer homeschooling, que existe en algunos países y personalidades políticas por lo que atentan contra estas familias, desconfían de sus capacidades, albergan sospechas en cuanto a sus intenciones, y atropellan sus derechos. Porque seamos francos, sí, es el niño el que tiene derecho a una educación, pero ¿qué hay de sospechoso o ilícito en la idea de que los padres tenemos autoridad sobre los niños? La palabra autoridad tiene muy mala prensa hoy en día, porque algunos ejemplares en el poder la confunden con despotismo. Es como si el decir que tenemos autoridad frente a los niños nos describiera como extrema derecha, dictatoriales, o abusivos, o no sé qué tantos crímenes.
Hay una gran ignorancia de lo que implica la verdadera autoridad. El que tiene autoridad, tiene una responsabilidad igual o mayor, y la autoridad conlleva servitud. Nunca me he encontrado con presidentes como los de hoy en día que si pudieran ser nombrados reyes, faraones o nobleza, no cabe duda de que lo aceptarían. De hecho se sienten tales, lo cual se ve en cómo se desenvuelven. Qué lejos del ejemplo de George Washington estamos y de su respuesta cuando le dijeron si quería que se le llamase Su Alteza, o qué título, y cuando dijo que Mr. President estaba bien. Hoy en día nuestros líderes piensan en qué y cómo debemos servirlos, no tienen la humildad que la autoridad confiere a quien se la gana, ellos se la otorgan, o eso intentan. 

La máxima autoridad que ha visto la faz de la tierra fue la de nuestro Señor Jesucristo, que en toda su condición del Hijo de Dios, se sentó a los pies de sus discípulos para lavárselos, que sanó a ciegos y paralíticos, que no tuvo palacio ni pesebre que llamar suyo. Nadie plantearía esto partiendo de que las personas tenemos el derecho a la cristiandad, sí lo tenemos, pero es necesario partir de la autoridad de Jesús. Sería absurdo no reconocer que Jesús tuvo la autoridad de venir al mundo a establecer su Iglesia... lo cual no implica que fuera de lugar en lugar forzando o manipulando a la gente para que se convirtiera. 
Al igual reconocemos autoridad en muchos aspectos de nuestra sociedad. Los jueces, los policías, los doctores la tienen. Nosotros tenemos el derecho a la justicia, a la seguridad, a la salud, pero ese derecho no está flotando o no lo podemos llevar a cabo solos, necesitamos de figuras de autoridad que lo defiendan, sustenten, lo hagan posible. En estas personas que tienen esta autoridad reposa el derecho a los beneficios disfrutados. Pero ¡qué voy a decir!, si vivimos en una jungla postmodernista donde no hay bueno ni malo, donde las palabras nos dan miedo, donde hay que cuestionarse todo incluso cuando llegamos a nuestras conclusiones después de haber hecho introspección, donde no hay verdades, no hay nada donde agarrarse, si abogamos por una creencia somos dogmáticos, si creemos en una verdad somos despóticos, si ejercemos cualquier autoridad somos abusivos... ¿Qué se supone pues que es esta actitud de desconfianza que lleva a un ministro a decir que los niños están mejor escolarizados desde el nacimiento? ¿Cuál es su autoridad pues, o la del gobierno? Porque según ellos nosotros no la tenemos, pero ellos se la atribuyen y esconden la mano.
Recuerdo el mejor director que tuve en la segunda escuela, que cuando venía a examinar nuestro rendimiento o entraba en nuestra clase para simplemente visitarnos, me sorprendió pues no le ví entrar ya que estaba agachado atándole los cordones a uno de mis estudiantes de kinder. O que cada navidad nos servía chocolate y pan dulce que cocinaba pronto en la madrugada para nosotros los maestros. Era un hombre de gran autoridad, respetado y querido. Un gran siervo de los maestros que tenía CONFIANZA en nosotros y que no requería de muchos controles para saber el que estaba haciendo su trabajo o el que estaba siendo deshonesto. Esta era una escuela de estudiantes sin recursos, llamada chapter one, donde la mayoría estaba en índices de pobreza, que era EJEMPLAR, lo cual es la máxima distinción. No es de extrañar que los maestros trabajábamos lo indecible y teníamos menos inspecciones que el resto, aparte de que no sentíamos ese nudo en el estómago del que viene a ver qué haces mal, sino la alegría de recibir visita por alguien que te iba a ayudar y apoyar para que tu trabajo fuera lo mejor posible y por el bien de los niños. Aún pienso mucho en Mr. Dupont.
En nuestra autoridad como padres tenemos la enorme responsabilidad de darles a nuestras hijas lo mejor, espiritual, física, emocional e intelectualmente, y esa autoridad nos hace trabajar lo indecible a la hora de servirlas y atenderlas.  De nuestra autoridad emana el respeto de ellas hacia nosotros, y de nuestra autoridad también surge este profundo sentimiento de estar a su completa disposición y de humildemente ponernos a su servicio hasta que crezcan y sean adultas.
 Estoy de acuerdo con usted, Sr. Schank, los maestros (ni los padres) nunca han sido ni serán el problema.


 

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