Que no te cuenten cuentos

Esta es la versión
que sueño con tener


La lástima sangrante de utilizar literatura infantil exquisita, en este caso una obra maestra como Pinocho, para escribir una crítica sobre la escuela, es que dejará a muchos lectores de la nimia crítica colgados de los anillos de Saturno, y quizá tire una nueva piedra en el pozo del desinterés hacia un libro al que Disney ha prostituido con todas las letras.

Los libros de análisis contemporáneos sobre libros infantiles y cuentos de hadas ancestrales, los tomo en mi caso con alfileres y con extrema precaución. Me duele estar llevando a la palestra a autores sin haberlos pasado por el juicio de una justa lectura. Si buscáis un estudio sin ego y  con fidelidad histórica y pasión por los cuentos de hadas y sus distintos autores, tenéis The Classic Fairy Tales por Iona y Peter Opie, que por cierto tiene unas ilustraciones de antología, nunca mejor dicho.


Esta introducción viene al caso de que terminamos de leer Pinocho y comenzamos hace tres días con Peter Pan. De Pinocho os cuento que por algún rincón de la blogosfera, leí cómo lo utilizaban alegóricamente refiriéndose a Pinocho como sumo ejemplo torcido de las tragedias que le ocurren a un niño (o muñeco en este caso) que rehusa ir a la escuela cuando lo normal en los niños es que deseen aventura y emoción y pasarlo bien como Pinocho cuando se gastó sus monedas en lugar de en libros en un billete o boleto para el teatro de títeres.

El símil de la crítica está tan desenfocado como la bastardización de Disney vacía del humor entrañable de Carlo Collodi. Qué belleza de lenguaje, sólo me he topado con algo parecido en Juan Ramón Jiménez. Y como sorpresa de roscón, os diré que Collodi, al igual que Lewis Caroll en su Alicia en el país de las maravillas, se ríe elegante y mordazmente de la escuela, de nosotros los adultos, y enseña a los niños a no ser abusivos, además de dar rienda suelta sin tapujos y en un contexto impecable a insultos, peleas, y expresión de sentimientos de rebelión que llevamos todos dentro. En ningún momento cae Collodi en dorar la píldora, hacer el cuento rosa, o en sentimentalismos bobalicones, o soniquetes morales huecos. Y es que, señoras y señores, Collodi no escribió para traer al redil de la buena escuela a los niños descarriados, Collodi produjo una fábula que nos transmite valores quizá en desuso como la honestidad, el trabajo y servidumbre hacia los demás, la lealtad, y revivimos y experimentamos aventura, risas, tragedias, y el gustito por las travesuras que no sólo los niños sino los adultos aun llevamos en nuestro ser. Además, algo que aprecio, y que creo que los niños lo perciben a su modo, es que en Pinocho hay dolor, hay muerte, hay necedad y fealdad, porque tales hay en la vida misma. Obras maestras como Pinocho el público las captamos en diferentes frecuencias, como madre, me ha dado mucho que pensar, a veces he sido y soy un poco como Pinocho, otras ya estoy del otro lado y comprendo los peligros y lecciones que Pinocho siente en sus 'carnes', o mejor dicho, maderos.

Y aterrizamos de volada en Peter Pan. Como con Paloma, éxito desde la primera página. Y vuelta a Disney y su gran talento cual caballo de Atila para pisotear todo atisbo de originalidad y factor sorpresa en la obra de Barrie. Y es que yo no estaba preparada para esta crítica tan acertada de las figuras paterna y materna desde la primera página. Me alegra que nos ponga a los adultos donde merecemos. A las niñas con sólo comenzar, ya les ha enamorado Peter Pan y Never Land. Voy a tener que meterme seriamente en ese Pinterest que para mí es Nifúnifánterest más bien, y buscar esa figura de Peter Pan en cartón, que puesta sobre una lámpara proyecta en el techo de la habitación la sombra de Peter Pan.

Quizá os interese saber que Alicia en el país de las maravillas puede que sea un libro que pega más con adolescentes que niños. Y antes de leerlo a ellos, haced algo de investigación sobre Lewis Caroll, eso os ayudará a disfrutar más del libro. Mi edición en castellano tiene unas notas a pie de página que no sólo ayudan a entender lo que se pierde del inglés, sino que a mí me abrieron a comprender mucho mejor el tono de lo que estaba leyendo, y sabiendo esos pequeños detalles cambió de la noche al día mi relación con el libro, que hoy en día sigue siendo quizá uno de mis favoritos. El enlace al libro que propongo es el equivalente en inglés, no estoy segura, pero creo que este es el que tengo en castellano, es de Ediciones Generales Anaya, anotado, y con ilustraciones divinas de John Tenniel.


7 comments:

Carmen Ibarlucea P. dijo...

Gracias Silvia, es una excelente reflexión... puedo compartirla (lo pregunto por que sería en un blog de cuentos vinculado a una escuela a distancia y no quiero malos entendidos, ok)

Cariños inmensos,

Silvia dijo...

Ipe, gracias por pedirme permiso, lo tienes, bonita, compartelo. Me honra que te haya gustado, porque te admiro y comparto tu pasion y amor por la literatura.

Anónimo dijo...

¡Qué macana, los describiste tan lindo que ahora se me antojan los 3 clásicos y el Pinocho caro!, jajaja lo mismo me pasó cuando escribiste del Principito!
Pensar que Alicia nunca me atrajo, sí la historia, pero como vi al peli y me parecía muy cargosa, nunca le di la oportunidad al libro original, ¡ahora de grande estoy aprendiendo a leer!

...¡y los Soles están muuuy bonitos!
besotes!...
Marina

Silvia dijo...

Marina, a Zoe le va a enamorar Peter Pan, y Pinocho... bueno, algun dia amiguita nos compraremos la version cara para los nietos, ja ja ja. Y Alicia, es solo que mi version tenia una introduccion con la vida de Caroll, y unas notas e ilustraciones estupendas. Una vez que sabes por que tal animal habla asi, que esta criticando, por que creo Alicia, y coges el sentido del humor, es un libro tambien que gusta mucho, nada que ver con la como dices cargosa pelicula.

Peter Pan son 62 paginas, no hay excusa para no leerlo, Pinocho no es nada largo, los capitulos son cortos, se lee bien. Hubo dias en que decian las ninias... no... no Pinocho, pero es porque yo tenia ganas de leer mas de corrido, pero si te atienes a un poquito al dia para no cansar, y enfatizas y teatrizas bien, poniendo voces, etc. es desternillante. Por momentos me miraban con unas caritas, otros se reian, otros preguntaban y se preocupaban... fue maravilloso.

Anónimo dijo...

Que bonitas..me imagino sus caritas, jejej
Me haces acordar cuando era chiquita y mi abuela nos contaba los cuentitos en verano, debajo de la parra, después de almorzar...y ella se descotillaba de risa y nosotros también, pero no por entender sino por sus carcajadas...¡ella lo disfrutaba más que nosotros!...Así me siento yo ahora, ja!
Ojalá que de grandes no se acuerden de una sólo de lo locas que estábamos cuando les leíamos,y se les pegue esto de disfrutar un buen libro. A mi se me pegó , pero recién ahora es que estoy sabiendo elegir. Tarde,pero a tiempo, gracias a Dios.

Silvia dijo...

Yo también ahora es cuando estoy aprendiendo a elegir, tarde también, pero mejor que nunca. Qué bonito recuerdo. Seguro que estás ahora forjando otros igual de lindos con tu familia.

Maria Calderón dijo...

Me ha encantado tu artículo, Silvia. Yo aborrezco a Disney y su estandarización de todas las historias, todos los tópicos, los absurdos animales parlantes, las siempre hermosas princesas y los príncipes tipo-Ken (el de Barbie, que es un complemento más de los que acompañan a la muñeca).

Me has animado a leerles Pinocho y Peter Pan a los niños ahora, aunque Pinocho quería dejarlo para un poco más adelante. Pero bueno, puede ser ahora y después.

1beso.

 

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