Un toque personal

Normalmente en el blog familiar es donde comparto fotos, vídeos, y notas más personales. Pero aquí también me considero entre amistades, y es para mí un espacio muy querido donde me siento agusto tanto al compartir un libro o una experiencia, como al expresar mis dudas o mis convicciones. Soy encima muy afortunada porque me llega no lo que espero o merezco, sino muchísimo más de lo que pudiera soñar cualquier escritor internauta en cuanto a palabras de apoyo, ideas, comentarios y mensajes, bien sea en el blog, correo electrónico, o por cualquiera de nuestros rincones en la blogosfera donde nos encontramos. (A propósito, en mi blogroll podéis ver aquellas personas a quienes sigo, si no estáis y queréis que os incluya, no dudéis en decirmelo).




Esta foto está obviamente movida porque aunque llevaba cámara, cuando pasamos bajo los cables de teléfono con esta invasión de pájaros, no puedo sacarla rápido, el semáforo se pone en verde, y, en fin, es lo mejor que puedo presentar. Indudablemente, me recuerda a la película de Hitchock, de Los pájaros, claro. Los graznidos y grajeos causan impresión, mi marido los llama 'chickens of the sky'.

Al igual que la foto, en mis años en este medio, he tenido borrosos malentendidos y meteduras de pata múltiples. Algunas han sido involuntarias, otras siento decir que han sido faltas mías de las que no me siento orgullosa pero de las que he intentado y todavía intento aprender.



Aunque he intentado vivir negando lo siguiente, la posibilidad de que le caiga mal a alguien (mejor dicho, a más de una persona, :) existe. De hecho a mí me pasa igual. Hay personas con quienes no he 'pegado chicle', como dice mi amiga. La verdad es que me sorprende ver qué tan crítica soy cuando veo una falta en los demás, y qué indulgente soy conmigo misma.

Aun así, llevo tiempo ya en que intento frenarme antes de pulsar el botón publicar, y he dejado muchos comentarios enterrados en el olvido, no me va tan mal como al principio, pero nunca puedo cantar victoria. El ser extrovertida y muy, muy ... muy habladora, tiene pros, vaya que sí. Me lo paso genial en la vida, tengo muchísimas amistades, desde las más íntimas hasta otras más transitorias... pero claro, las desventajas son obvias. Solita me busco cada una. Hablo de por demás, y cuando me doy cuenta, estoy diciendo algo que mejor haber dejado quieto. Al fin y al cabo llevar la razón no es tampoco lo más importante en todo momento, ni tampoco tener la última palabra. Tengo mucho camino por delante, seguro que seguirá habiendo meteduras de pata, palabras que duelan y otras que sanen, pero aquí seguiremos, leyendo a Santiago y aprendiendo a cómo controlar la lengua, ese miembro tan pequeño con el que tan pronto podemos alabar a Dios como destrozar al prójimo.

Que sepáis que los cielos de Houston son los más bonitos del mundo. Los atardeceres o anocheceres pintan sueños y doran quimeras. Mirando los cielos desaparecen los restaurantes de comida rápida y el pavimento.

Las niñas florecen como este narciso que nos recuerda a Malta. Son semejantes a los que vimos en nuestras vacaciones. Este nació del jardín de mi hija mayor, la cual brota y hace su debut como lectora. Las lágrimas se las llevó el invierno. La primavera huele a nuevo, a bicicletas, canciones y recuerdos de nuestros dias unidas por la corriente de ideas pasadas que nos trae al presente y nos acaricia al viento de la adolescencia.


¡Mami, hazle una foto a la ensalada! Insiste mi hija pequeña mientras devora palabras que suena letra a letra. Vive en el reino de las cartas y notas llenas de espontaneidad que nunca vuelve. Su hermana ya mora en el castillo del cómosedeletrea, mientras ella, perfecta cincoañera, se ha hecho su cama con consonantes y alguna que otra vocal, confiada durmiendo al aire libre en el bosque cual Snow White o Red Rose.

Fe. Que digo que tengo y que me faltó. Fe. Que vuelve con fuerza y que inspira y renueva el alma de una madre que transita en la penumbra del día a día y se olvida que para enfocarse no es aconsejable escoger un punto del suelo de la cocina.


Tardes en casa, mañanas en el campo los cuatro, respirando un poco de aire en plena ciudad, disfrutando de ver a las niñas tejiendo memorias que adornan las entretelas de su infancia.


Decidious Holy, dice el cartel con plantas autóctonas. Gracias, Stanley, escritor de Life of Fred, por compartir tu pasión por mucho más que los números, lo que nos hace expandir las fronteras de nuestro conocimiento de manera muy divertida. (Decidious es perenne en este caso, y también se dice de los dientes de leche... de aquello que se pierde o perece).


Los hongos y setas que han salido con las lluvias nos recuerdan a mi padre quien gusta de ir por ellos y cocinarlos. Esta vez en Madrid vimos muy pocos porque están pasando por una sequía notable.

La camisa es cortesía de mi amiga Olga. Me pasa mucha ropa usada en buen estado. Como varias de vosotras, yo tampoco tengo que comprar ropa ni a mí ni a las niñas, es un lujo poder vestir con ropa bonita sin tener que gastar un céntimo.


Otro lujo es poder comer sano y rico sin tampoco tener que endeudarse en el empeño. Esta es una pizza rápida, fácil, y nutritiva, mi combinación perfecta en cuanto a cocina se refiere. Lleva sólo 1 taza y 3/4 de harina whole wheat, 1 y 1/2 tsp. o una cucharita y media de baking powder, 3/4 de taza leche (yo uso la de 1 por ciento, creo que cualquier leche, incluso agua serviría), y 1/4 de taza de aceite. Un poco de azúcar morena si queréis. Se amasa hasta que no esté pegajosa, con harina en la mesa y manos, se estira en círculo en la misma piedra o molde donde la vayáis a poner al horno, y se le echa lo que queráis. Esta lleva tomate del que venden aliñado para pasta, queso de dos clases, atún, aceitunas, y un poco de jamón. Al horno a 450 por unos 15 minutos, y lista. La mía la comí con una ensalada copiosa de lechuga. Rica, rica.


 

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