¿Liebres o tortugas?

Angelina le dice a Esopo que está equivocado, que la moraleja de la tortuga y la liebre en que la tortuga es la que porta un comportamiento modélico no se aplica a cómo aprenden los niños. Así lo veo también. Los niños no siempre (¿quizá nunca?) avanzan nivel a nivel, página a página, pasito a pasito. Son como dice Angelina, como las liebres. Ahora se pegan una carrera, después se echan una siesta. Tan pronto dan zancadas como aminoran y deshojan margaritas por el camino. Mientras, nosotras, madres más o menos preocuponas, nos preguntamos por qué no son capaces de seguir el caminito tranquilitos y seguros como manda el sentido común ese que asociamos a los tiempos de las abuelas, BF (before Facebook), cuando las personas sabían qué había que hacerse, cómo y cuándo. Una escuela, un 'primer' o cartilla,  un bocadillo y andando, de la primera página a la última y al final vacaciones.




 ¿Por qué no nos mostráis, chicos, una progresión lineal? Oye, por mamá podríais, si no es molestia, hacer concordar vuestro crecimiento con nuestros planes de estudio, ¿no? O al menos someramente, ¿no podríais emparejar un poquito todas las 'materias o asignaturas' con los cursos o grados en los que nuestra sociedad dice que por edad estáis? Vuestras mamis viviríamos así tranquilitas en nuestros hogares de clase media y sería genial poder encajar en el molde en medio de fiestas y celebraciones varias con familia, vecinos y otras bestias personas, ejem.




Pero volviendo a Angelina, no confundir con Brangelina, los niños no se comportan así. Un día les presentas con cualquier cosa, como tarjetitas de estas llamadas flash cards, sumas o cálculos variopintos, historia de Mesopotamia y el Antiguo Egipto... lo que sea, y al día siguiente cuando sacas los libros y materiales de ayer te miran como si les estuvieras mostrando un blackberry a Melchor. En fin, resignadas recogemos lo que sea en cuestión que habíamos puesto en la mesa tan esperanzadas y a otra cosa mariposa. Pasada una semana o dos, te llegan con uno de los libros arrinconados y te leen, o te hacen un dibujo con todo detalle de lo vivido, oído, o leído, o se ponen a hacer esas sumas que no pillaban ni a la de tres a destajo y por pura diversión, o te vienen a contar la mitad del libro de historia que tanto protestaron cuando lo leíste en voz alta... Seguro que podéis añadir mil y un ejemplos de lo que hablo.


En el blog de María, y hablando de lectura, se preguntaba si con la lectura transicionamos de lo simple a lo complejo. Quizá sea mejor decir que los niños, y adultos saltamos como liebres. ¿Quién no ha pasado meses acampado en lecturas fáciles y entretenidas? ¿A quién no le ha dado una temporada por no salir de tal o cual género novelesco o autor de moda? ¿Y quien no ha echado un vistazo a un sendero difícil pero atractivo tras ese lapso, y se ha pasado otros meses investigando, leyendo y aprendiendo de algo en concreto con la disciplina, consistencia y paso seguro de la tortuga? O quién no ha dicho, me voy a leer tal o cual clásico que nunca leí y quiero conocer. Nadie, como dice Italo Calvino, está sumergido con exclusividad en la lectura de los clásicos, impoluto e inmune a las lecturas ligeras de moda. Si bien hay una progresión, ocurre a menudo a trompicones, en la lectura como en los estirones de crecimiento que dejan los pantalones de los niños pesqueros de la noche a la mañana.

 

Y no sólo eso, muchas veces cambiamos hasta de meta, lo cual no nos afecta tanto cuando lo hacemos nosotros como cuando son los niños. Ahí sí nos puede sacar de quicio sobre todo si estamos en el papel de padres tortuga. Para Angelina la tortuga es la madre homeschooler que apunta su arco al objetivo de la constancia y la progresión lenta y segura. Me identifico también con esto, es cierto que aspiro a esa persistencia, planeo y trato de contribuir a una atmósfera diaria donde el aprendizaje esté presente. Y esto aunque unos días sean las leccioncitas aceptadas con brío y alegría y otras sean acogidas con un joooo, ¿podemos saltarnos esto hoy? Y esto para mis hijas es sinónimo de TODO. Tiran por tierra todo aquello que esta madre procura que practiquena diario. Para mí en mi papel de tortuga lo propuesto es campo trillado, 'peace of mind', que decimos por estos lares, para ellas es a veces camino aburrido y tortuoso.


Como madre no me veo sólo como tortuga. Es bien cierto que para el resto de mis actividades soy una liebre de cuidado. Salto de un sitio a otro, hay semanas que más que liebre soy can, porque me pongo perra y no doy palo. Y como liebre curiosa, ahora me entretengo en aquella fuente o aquel riachuelo, mañana me da por correr que me las pelo porque me urge llegar a donde me he propuesto.


Por eso, cuando mi personalidad o papel de tortuga se pone muy pesado, sale al rescate la Charlotte Mason que hay en mí, y me voy a 'jugar' (a tomar un café con amigas, a una librería). También cambio el plan con las niñas y nos vamos a pasear por la naturaleza, nos metemos en un proyecto artístico, o un experimento, o cosemos, cocinamos... no es que no hagamos esto a menudo, es que lo buscamos con más fuerzas porque nos ayuda mucho a romper la rutina tortuguil.

Y tú, ¿eres liebre o tortuga?

Nota: Las fotos son de Malta, para amenizar la lectura (o eso me digo yo misma).


7 comments:

Zoozees dijo...

Genial, super comico esto, jajaj

Yo, Tortuga vieja me siento.
Mis hijos me pasan volando por arriba y ahi me quedo yo...para peor ni arco ni flecha para donde apuntar!
Es decir, no soy tortuga por tener planes, sino para darme cuenta que me deje de pensar tanto y disfrutar mas.
Y asi nomas parece ser nuestro estilo de homeschooling (al menos por ahora, pfff)
Besotes!

Silvia dijo...

Es verdad... tortugas también en lo de disfrutar lento de la vida, como dice Honoré.

Maria Calderón dijo...

Qué buenas reflexiones. Igual es que los hijos liebres necesitan madres tortuga que les guíen.

1beso.

Marvan dijo...

Yo creo que aquí hay mucha liebre jejeje. Al menos yo, mi marido y mi hijo mayor seríamos liebres, saltando de aquí para allà. Quizás mi hijo pequeño podría ser más tortuga porque se toma las cosas con más calma.
Seguro que todos somos un poco de los dos dependiendo de la situación.

Ivett dijo...

Acá somos liebres queriendo ser tortuga, y ¡cmo cuesta aún cuando necesitamos llegar a algún objetivo ser demasiado liebre!

Silvia dijo...

Sí, cuesta, lo digo por experiencia. Pero hay que bajar la velocidad y mirar un poco alrededor antes de seguir corriendo a lo loco... me digo esto a mí la primera, amiguita.

bajo el diente de león dijo...

Por aquí tenemos épocas en las que somos liebres: otoño e invierno, sobre todo, y épocas en la que somos tortugas: primavera y verano. Nos afecta y condiciona mucho el clima, jejeje.

Yo siempre he aspirado a ser hormiga e ir poco a poco, como las tortugas, pero con la decisión de las liebres ;).

Gracias, Silvia, por esta reflexión. 1 beso.

 

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