Tantas cosas


Son tantas cosas las que os quisiera decir, que no sé por dónde empezar.

Tenía una entrada larga sobre la narración, cuando pensé en qué es lo que querría oir si fuera una madre empezando con el homeschooling, e incluso una madre que ya lleva varios años en esto, y cambié el rumbo. Preferí escribir sobre el ser maestras, y madres, y cómo por etapas pueden nuestras ocupaciones entrar en conflicto.

Algunas familias homeschoolers han cogido un buen ritmo, y están agusto y disfrutando de su momento. Pero puede que los hijos crezcan y las dinámicas cambien, o que aun no hayamos encontrado esa armonía, porque no es fácil, ya que se nos olvida dejar el control a Dios, y queremos nosotras llevar todo el peso. Algunas de mis amigas (homeschoolers o no) han pasado o están pasando por rachas en las que su ocupación en el hogar o fuera de él les está consumiendo demasiado, y les afecta a su salud, o simplemente (y me incluyo en el grupo) nos olvidamos de que somos MADRES antes que nada.

Conozco a amigas que finalmente han abandonado su ideal de lo que es ser familia homeschooler, y han puesto a uno de sus hijos en un colegio, o en una academia. ¿Es un fracaso? No lo creo, aunque quizá se viva un poco como tal, o los demás te miren con desprecio. Son etapas, y ¿no decíamos que hay que contemplar qué es lo que más necesitan nuestros hijos a cada momento? Como si apuntarlos a un colegio fuera dejarlos sueltos en el monte y no volver a saber de ellos jamás, -je, je.


He tenido también un momento de tomarme el homeschooling estilo Charlotte Mason, siguiendo un currículo bueno gratuito, demasiado rígidamente. Por fin este año estoy aprendiendo a seguirlo como nos indican aquellos que crearon el currículo, como una herramienta, un mapa para orientarnos en nuestro propio camino.

Si enseñar matemáticas va a terminar con la relación madre-hija que tenéis, buscad un tutor u otra solución.

Si alguno o varios de vuestros hijos tienen muchos retos de aprendizaje que hacen casi imposible mantener una buena relación maestra-alumno, y ponen en peligro vuestra relación madre-hijo, considerad otras opciones.

Si las opciones que buscásteis no funcionaron, pues volved al principio, educadlos en casa.

No es cuestión de probar por probar, a lo loco, pero tampoco debemos atarnos a un ideal y dejar que nos esclavice y nos ponga la soga al cuello.

Creo que tras seis años, estoy pagando el pato de haberme tomado todo muy a la tremenda al principio. Es difícil en los primeros años tomárselo con calma, con todo el bullicio de otras amistades posiblemente apuntando a los niños a párvulos o prescolar por primera vez, con todo el ruido y revuelo de algunos amigos o familiares cuando se enteran de que no vamos a llevarlos al colegio. Y luego nuestros propios fantasmas, y preconcepciones, y nos metemos a saco a leer, a escuchar, a defender esta filosofía de vida, a hacer apología del homeschooling, o a mostrar qué tan rica es nuestra vida y la de cosas que los niños aprenden mediante las redes sociales, etc.

Pasa el tiempo, y llega un momento en que te quedas sin fuerzas para el día a día, y te das cuenta de que esto es un compromiso para largo, y yo no pude llevarlo más a la velocidad y al ritmo al que lo llevaba en el pasado. Cada época tiene sus retos, luego empiezan que si los títulos, que si las asignaturas que van a cubrir, que uno no sabe biología, o mates, o física, o gramática, que si necesitan experimentos de laboratorio, o qué se yo... Y es una carrera contra el viento, que vamos a perder como no sea que paremos y nos neguemos a consumirnos por ella. Todo se puede, con fe, con calma, con esfuerzo.

En mi caso, tuve que calmarme, reconsiderar, tomármelo con tranquilidad, ponerme metas más realistas y humildes, y dejar ir muchas tontunas y muchas ideas, otro montón de preconcepciones, dejar las comparaciones, y hacer lo que hay que hacer sin alardes y sin sentimiento de culpabilidad tampoco. Cada día, según crecen mis hijas, me dispongo a crecer en mi fe, porque me hace falta más fe y más paciencia, y más fuerzas para seguir disfrutando de este oasis de felicidad que es la familia, y donde pasamos muchas horas juntos, ellas aprendiendo a ser amigas, y aprendiendo a aprender, yo aprendiendo que todo esto no depende de mí, sino ayudando a establecer en mi hogar una atmósfera que respete y honre a Dios, y que refleje un poco de la belleza que Él ha creado, y ocupada en establecer relaciones con Él y con los demás.

Y pronto compartiré la otra entrada sobre la narración, o escribiré sobre el estudio de la naturaleza, o algo más concreto.

8 comments:

gemma dijo...

Silvia, muchas gracias por este post en realidad es como si lo hubieras escrito para mi. Somos una familia que educa en casa hace mas de 15 años y mis hijos mayores ya son independientes. Con ellos tuvimos años de proyectos maravilloso y si, es verdad que todo el tiempo estuvimos acomodando y fabricando nuevas estrategias a medida de que los niños iban creciendo. Y a veces llegamos a un punto en que ya no sabemos como seguir, ya no se ve tan claro el camino y aparecen factores nuevos. E en esos momentos uno puede sentir que el suelo debajo de nuestros pies empieza a ceder y que no tenemos de donde aferrarnos. Pero mirando hacia atrás y haciendo una valoración de los distintos momentos me doy cuenta de que tal vez ese sea el gran regalo del homeschool. Nos da la flexibilidad que necesitan nuestros hijos y nosotros mismos en constante crecimiento
Que cosa mas triste que pretender educar a nuestros hijos en un formato permanente asi sean unos brotecitos de unos pocos años o se hayan transformado ya en hombres y mujeres jóvenes.
En este momento tengo tres hijos en casa una de 15, otro de 8, y uno de dos. Y la verdad me siento muy desorientada, creo que ea la primera vez que me siento asi. Ya que los visualizo en proyectos muy diferentes. Algún Consejo??
Y lo mas cierto es lo que dices de que Dios ea quien hace yodo en realidad. Confiemos en El.

Silvia dijo...

Hola Gemma.

Qué honor tenerte comentando. Es cierto que hay que tener la flexibilidad y la fe a la cabeza, de otra forma, ¿qué haríamos?, verdad.

Tienes mucha disparidad de edades, Gemma, 15, 8 y 2, cada niño en un periodo de su vida. No me extraña que te sientas desorientada.

Yo creo (y perdona por mi consejo ignorante, si no te ayuda olvídalo, por favor) que pensaría en darles un tiempo a los tres (aunque sean 20 minutos diarios), y un tiempo a cada uno por separado, y apoyarlos en lo que el de 15 y 8 veas que necesitan más. Obviamente van a estar en cosas diferentes, pero puedes comenzar con los tres como familia, y de ahí diversificarte un poco, y apoyarlos en sus tareas más independientes.

Escrituras, poemas, Shakespeare, Plutarco, algo de geografía, son cosas que quizá puedas hacer con los dos mayores, mientras el pequeño duerme una siesta, o juega a los pies tuyos mientras leéis en familia.

Puedes quizá sentarte con el de 15, y planear con él su semestre, su mes, y sus semanas. Y con el de 8, también puedes hacer un horario sencillito en el que participe.

No sé, me siento inútil tratando de aconsejar a una madre con tantos años de experiencia y supervivencia, je je je.

paloma dijo...

Gemma yo también tengo uno de 15 y otro de 8. La verdad es que el de 15 trabaja prácticamente solo, tiene muchas ideas, proyectos y con el de 8 tengo que estar encima para que haga algo que no sea jugar ja,ja...Pero algunas lecturas en voz alta las comparten. Por otro lado el de 15 puede ayudar a sus hermanos pequeños en matemáticas y cosas así. Puede hacer con ellos manualidades o jugar. Con el de 2 pues jugar y jugar ¿no?
Yo también te diría lo de Silvia. A lo mejor es una racha en la que estás más cansada o más rutinaria y por eso te sientes un poco perdida, pero con la experiencia que tienes seguro que remontáis fácil. Un abrazo.

Silvia dijo...

Paloma, gracias por contestarle a Gemma. Espero que con tu comentario se sienta más tranquila.
Un abrazo y que honor tener comentarios vuestros.

Mi Dulce Refugio dijo...

Mientras lavo los platos sucios me pregunto si realmente podré dar abasto este año, y ahí solo descanso en las fuerzas que no vienen de mi, si no de Dios. Creo que a veces somos muy duros con quienes desisten de homeschool sobre todo los primeros años que muchas veces pretendemos llevar la bandera de la lucha pro-escuela en casa, pero el tiempo nos da la sabiduría que necesitamos para entender que la vida no es solo blanco y negro y que cada familia vive su camino como mejor puede, yo que soy cristiana creo que si en algún momento tengo que enviar a mis hijos al colé es porque Dios lo ha querido así y daré lo mejor de mí para que tengan una buena experiencia. Un abrazo. 🤗

Silvia dijo...

Mi Dulce Refugio,
No leí tu comentario hasta ahora. Así es, a veces somos muy duros con otros por no optar por esto, y sin querer quizá acusamos a los demás de optar por lo fácil, en vez de optar por lo "correcto" como nosotros. Pero la misma vida te pone de rodillas, y te muestra que cada familia lleva sus cargas de la forma que puede, y para los cristianos, el reto es dejárselo a Dios, que es más fácil de entender que de hacer.

Un abrazo.

lily dijo...

Hermoso tu post, hermoso tu blog, soy fan tuya y me encanta cómo y lo que escribes. Dios siga bendiciendo tu vida.

Daniela dijo...

Me gusta mucho leerte, Silvia, gracias por la sinceridad y franqueza con la que escribes. Cada vez que leo algo tuyo o te escucho, siento que Dios me habla y me tranquiliza. Sigue haciéndolo, te sale bien!

 

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